La familia del pr??ncipe Carlos acumula peripecias nobles e innobles en la Costa del Sol. La princesa Diana fue cazada medio desnuda en el hotel Byblos. Una revista salv?? su reputaci??n a golpe de talonario. Su hijo Enrique no tuvo tanta suerte con su cogorza monumental de Marbella


Las fotograf??as de Lady Di, tomadas por dos reporteros de la agencia Europa Press, adquirieron un precio de mercado que compet??a con el salario de la ??Quinta del buitre?? al completo. Fuentes cercanas al suceso aseguran que llegaron a tasarse en 1,2 millones de euros, trocados por la revista Hola a cambio de una alianza comercial con la empresa. La operaci??n Diana le sali?? bastante cara a la Costa del Sol, que todav??a se resent??a de las consecuencias de la crisis del 93. Fue el inicio de un declive que se prolong?? algo m??s de una d??cada. 





Las fotograf??as de Lady Di, tomadas por dos reporteros de la agencia Europa Press, adquirieron un precio de mercado que compet??a con el salario de la ??Quinta del buitre?? al completo. Fuentes cercanas al suceso aseguran que llegaron a tasarse en 1,2 millones de euros, trocados por la revista Hola a cambio de una alianza comercial con la empresa. La operaci??n Diana le sali?? bastante cara a la Costa del Sol, que todav??a se resent??a de las consecuencias de la crisis del 93. Fue el inicio de un declive que se prolong?? algo m??s de una d??cada.
AP
El descanso en Mijas

La princesa, habitual de los predios de Sotogrande, hab??a decidido solearse en Mijas. Su fama, agigantada por todo tipo de cr??nicas y subproductos cinematogr??ficos, le imped??a acercarse a la playa. Opt?? por el Hotel Byblos, que le parec??a poco menos que un b??nker. Se sent??a lo suficientemente protegida como para repantingarse en la hamaca. Era una aparici??n, un sirena espolvoreada. O casi. Dos fot??grafos la observaban, uno a pie de pista, el otro escondido en el balc??n de la primera planta. Diana ten??a razones para recelar de la prensa. Pocos semanas antes hab??a sido fotografiada en un gimnasio. Su divorcio andaba a punto de consumarse. El p??nico a los tabloides no requer??a de pesadillas premonitorias en un t??nel de Francia. Estaba bien armado y se resum??a en conferencias de prensa en las que solicitaba respeto para reingresar en el anonimato. Como si eso fuera tan f??cil.

El traspi??s con el ba??ador

Fueron dos teleobjetivos espa??oles los que captaron su imagen. Lady Di tuvo mala suerte. En el momento en el que manten??a sobre su cuerpo los ojos alunados de las c??maras, le son?? el tel??fono m??vil. Al incorporarse se le desprendi?? la parte delantera del ba??ador. Sus domingas nobiliarias quedaron al aire y los reporteros se frotaron las manos. En su carrete hab??a un tesoro que val??a m??s que una isla del sureste asi??tico.

De la salvaci??n a la melopea

El revuelo fue de campeonato. Se especul?? con ofertas millonarias, con pujas exorbitantes de cabeceras brit??nicas. La compra, sin embargo, estaba alejada de las posibilidades de la prensa inglesa. El asedio a Diana ten??a bastante soliviantado al personal de palacio y contaba con antecedentes como la amenaza del Parlamento, que lleg??, incluso, a plantearse recortar el presupuesto de los rotativos del pa??s. Eso no quita, sin embargo, que se alzasen candidatos ??vidos de llevarse al huerto el top less de la musa de Buckingham. En una mesa de Madrid, sonaron los millones de pa??ses como Francia y Australia.

La princesa, de nuevo, fue salvada. Esta vez no por un caballero de torso imperial y un unicornio al galope, sino por la revista Hola, que pag?? una millonada para librar a Lady Di del esc??ndalo. Las fotos abandonaron la caja fuerte de Madrid y nunca se supo de ellas. Los reporteros fueron recompensados con encargos para la revista equivalentes al pago.

La familia brit??nica no concluy?? con la intermediaci??n de la revista la l??nea sucesoria de esc??ndalos. El hijo de Diana, el d??scolo Enrique, no tuvo tanta fortuna como su madre y qued?? en evidencia en la prensa brit??nica. Su pecado fue salir de Sotogrande para pasar una noche en Marbella, en la discoteca de Olivia Valere. All?? agarr?? una melopea tan grande como la abad??a de Westminster (Westminster Abbey), desplegada a todo color en los tabloides. Fue una lecci??n did??ctica: las caras reales se descomponen tambi??n como la del resto de los veraneantes.

Fuente-elnuevoparquet

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