Ley de Sucesi??n del Gobierno brit??nico

ley de Sucesi??n Gobierno brit??nico

El tema de los hijos es casi inevitable en cualquier boda. La del Pr??ncipe Guillermo y Kate Middleton no es una excepci??n. Claro que trat??ndose del trono no es un tema personal o familiar: es un asunto constitucional. La coalici??n conservadora-liberal dem??crata est?? impulsando un cambio de la ley de sucesi??n de 1701 que establece la prerrogativa masculina al trono. Al parecer el cambio cuenta con el visto bueno de la Soberana Isabel II, pero tiene dos grandes obst??culos: el tiempo y los 15 estados de la Commonwealth en los que el soberano ingl??s tambi??n es Rey.
El viceprimer ministro Nick Clegg, que est?? a cargo de temas constitucionales en la coalici??n, dej?? claro que est?? impulsando el cambio. ??En el siglo XXI la idea de que el hombre tenga este tipo de prerrogativa en la sucesi??n es anticuada. Si el Pr??ncipe Guillermo y Catherine Middleton tuvieran de primog??nita una ni??a ser??a justo que ella fuera la pr??xima Reina??, se??al?? Clegg. Aunque la pareja ha dicho que no tiene planes de iniciar una familia pronto, el tiempo es indudablemente un factor de peso.
A primera vista el cambio de ley parecer??a sencillo. A fin de cuentas ??el Rey reina pero no gobierna??: el Parlamento es el que decide. Sucedi?? en Suecia. En 1979 los suecos modificaron sin pesta??ear una ley similar para permitir que la primog??nita, Victoria, fuera la heredera en vez del Pr??ncipe Carlos Felipe, dos a??os menor que ella. Pero con los brit??nicos est??n siendo m??s cautelosos.

La ??ltima palabra

Y es que en este caso, constitucionalmente, la ??ltima palabra no la tiene el Parlamento brit??nico sino los 16 pa??ses de la Mancomunidad de Naciones que reconocen a Isabel II como Reina y jefe de estado. Estos 16 estados se rigen por el estatuto de Westminster de 1931 que estipula que cualquier cambio constitucional debe ser aprobado de manera un??nime por todos sus miembros. Se trata de pa??ses muy diversos: desde Belize y Papua Guinea hasta Nueva Zelanda y Jamaica. ??Est??n los otros estados dispuestos a aceptar un cambio? ??Est??n siquiera preparados a discutir el tema? Australia y Canad?? no parecen muy entusiasmados con la idea. En Canad?? el l??der conservador Stephen Harper fue categ??rico al respecto. ??El sucesor del trono es un hombre. Y el siguiente es otro hombre. El tema no es prioritario para Canad????, se??al?? Harper.
En efecto, a??n si las 16 naciones aprobasen el cambio, el Pr??ncipe Carlos suceder?? a la reina Isabel II (que solo es monarca porque no ten??a hermanos) y Guillermo a su padre. En resumen, no existe ninguna urgencia pr??ctica para embarcarse en el engorroso proceso de un cambio constitucional: hay l??nea sucesoria por muchos a??os. A este motivo pragm??tico, se a??ade una raz??n eminentemente pol??tica. El gobierno canadiense no quiere resucitar un debate que siempre est?? a flor de piel: el de su pertenencia como Reino a la Commonwealth y su obligatorio juramento de lealtad a su jefa de estado, la Reina Isabel II.
Este imperativo pol??tico parece m??s acuciante en Australia. En 1999 los republicanos australianos intentaron cambiar las cosas en un refer??ndum para sustituir a la Reina por un presidente que ???para sorpresa de algunos??? ganaron los mon??rquicos con cierta comodidad. Desde ese refer??ndum que gener?? cierta divisi??n a la naci??n ???como lo hace cualquier refer??ndum??? no se toca mucho el tema. Un debate sobre la ley de primogenitura podr??a revivir una pol??mica que, con los problemas econ??micos del pa??s, no es una prioridad. Pero no todos son renuentes al cambio en la Mancomunidad. El primer ministro de Nueva Zelanda, John Key, se mostr?? claramente a favor y quiere impulsarlo en el seno de la organizaci??n.

??Y los cat??licos?

Las conversaciones est??n en marcha, el gobierno brit??nico parece decidido a abrir el debate y a aprovechar la pr??xima cumbre de los jefes de estado de la Mancomunidad en octubre para avanzar sobre el tema. Pero algunos comentaristas y constitucionalistas brit??nicos han advertido que un cambio en ley de la sucesi??n de 1701 afectar??a otro aspecto de la legislaci??n considerado como ??anacr??nico y discriminatorio??: la prohibici??n de un Monarca cat??lico.
La ley estipula que el heredero del trono no se puede casar con un cat??lico y debe ser un miembro practicante de la Iglesia de Inglaterra. El Monarca puede casarse con una musulmana, jud??a o hind?? y, siempre que no se convierta, mantener el trono. Pero si se casa con una cat??lica, como el Pr??ncipe Miguel de Kent en 1978, pierde autom??ticamente el derecho al trono. Es una ley que tiene la impronta de su ??poca cuando se sospechaban complots del Papa contra la iglesia Anglicana y el Estado, pero que no tiene mucho sentido en la sociedad actual.
Sin embargo, hay voces que alertan sobre los peligros de un cambio. El obispo de Westminster, el reverendo Michel Scott Joynt, se??ala que una reforma terminar??a con una separaci??n del Estado y la Iglesia Anglicana que, por el momento, es un pilar constitucional de la corona. Incluso algunos cat??licos prefieren mantener el status quo. El ex editor del ??The Times??, lord Ress-Mogg, que es cat??lico, ha puntualizado que ??cualquier cosa que debilite a la Iglesia Anglicana, debilitar?? al cristianismo??.
Apegados a la tradici??n, renuentes al cambio, brit??nicos al fin, hasta figuras del laborismo como el ex Lord Chancellor (virtual ministro de justicia) de Tony Blair, lord Falconer, ven un peligroso factor desestabilizador en una reforma. Lord Falconer ha dicho que cualquier enmienda de la ley implicar??a revisar cuanto menos ocho leyes aprobadas entre 1688 y 1937, leyes que, seg??n el ex Lord Chancellor, son esenciales para el tejido institucional brit??nico.

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